El reportaje

Actualizado: 19 may



El concepto abstracto de la muerte se encarna ahora en él cuando aparecen en su cuerpo las señales concretas del paso del tiempo: una leve caída del cabello, unos kilitos de más, y ciertas sustancias que ingirió con tanta soltura en la denominada juventud, hoy en día el cuerpo simplemente las rechaza. No significa que está envejeciendo precozmente, sino que simplemente se hace consciente del tiempo, algo que antes no había notado. Son pequeños signos, pero contundentes de una presencia. Entonces se enfrenta abierta o soslayadamente a esta realidad inevitable. Lo que había sido un cuento o una teoría de la cual debía preocuparse en la vejez, resulta que ahora es una realidad física e incómoda porque cuesta aceptarla. Entonces surge la angustia, y opta por emprender una marcha consciente y decide diferenciar lo que es significativo en su vida de aquello que es banal. “Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”, fue el modo con que el gran Darío plasmó aquello que cuando jóvenes simplemente no vimos.

Viajar tiene esa fuerza indicadora que aún se tiene la juventud para readaptarse a nuevas condiciones. Viajar es una actividad que coloca al hombre como un individuo frente a un mundo desconocido. Iniciar un estilo de vida diferente es algo que da la ilusión de vivir con nuevas ansias. Mantenernos vigentes decimos en el Chile de hoy, adaptándonos al cambio. Pero al constituirse en viajero, la psicología del hombre cobra un nuevo alerta: tener que lidiar con aquello que no es seguro. El viajar hace enfrentarse a la persona, además, consigo misma, porque desafía la certeza y tranquilidad del hogar estable y debe buscar una nueva morada. De allí surge el instinto nómade, el afán por conquistar originales paisajes y registrar la experiencia para estar consciente de los tesoros conquistados. Es posible mostrar las novedades a los amigos que ya no necesitan estar presentes, pues se puede seguir en contacto a través de la realidad cibernética que ha creado un nueva dimensión para estar juntos, pero a la distancia. Se ha roto el aquí y ahora y se ha inventado una nueva realidad. El aquí y ahora se reemplaza parcialmente por el aquí y allá. La globalización y la revolución cibernética nos han permitido esta nueva costumbre de poder viajar y armar un nuevo estilo de vida con la ilusión de no estar más aislados.

Pero si bien el hombre no está aislado, está rotundamente solo en el sentido de enfrentar su existencia individual e irremplazable. Nacer y morir son experiencias de soledad, decía Octavio Paz, y el viajero, como nadie, está consciente de su propia vida porque ahora su vida se ha vuelto significativa.

Esta crisis de conciencia implica entonces una nueva reformulación, un nuevo para qué. Hasta ahora se tenía el propósito de crecer y vivir para alcanzar la seguridad conformando un hogar, habiendo contraído matrimonio y constituido incluso una familia. No todo el mundo se divorcia a los cuarenta, pero de acuerdo Jung todos los seres humanos atraviesan por una saludable y necesaria crisis en cuanto a reformular nuevos propósitos vitales. Saludable porque los despierta cuando aún están a tiempo. La individuación es un proceso benigno ya que hace tomar un nuevo camino para vivirlo significativamente. Ya no atrae cualquier cosa, lo que llama la atención es aquello que devuelve el sentido de la vida. Viktor Frankl descubrió que quién t